Antes del primer sermón

Me encuentro en Campinas, Brasil, en este momento. Vine a la V Conferencia de Plantación de Iglesias organizada por el CTPI (Centro de entrenamiento de plantadores de iglesias). No es mi plan comentar todo, pero algunas notas y pensamientos que se despiertan en mí a partir de las plenarias los quiero compartir, sin mucha estructura, de la manera un tanto indisciplinada que me caracteriza.

Ayer en la noche, primera noche de plenarias en la Conferencia, mi amigo Ricardo Agreste habló una palabra a los pastores y líderes. Un llamado al corazón de los líderes a que descansemos en la obra de Cristo y en la realidad del Evangelio. ¡Muy buena! Una cosa me llamó la atención especialmente y la comparto aquí:

“Este es mi hijo amado en quien siento placer” (Mc 1.11) dijo el Padre a Su Hijo Jesucristo. ¿En qué momento? ¿Bajo qué circunstancias? Después de haber sido bautizado por Juan el Bautista.

Es interesante notar que, de la manera que lo presenta el Evangelio de Marcos, el Padre le dice estas palabras a Jesús antes de que él predicara su primer sermón o hiciera su primer milagro. Jesús aún no había reunido ni una multitud, no había hecho ninguna de sus grandes enseñanzas, no había siquiera iniciado su grupo de seguidores. El ministerio de Jesús aún no existía. Jesús no había realizado ningún logro ministerial. Y él oye estas palabras de su Padre: “este es mi Hijo amado. En ti mi corazón siente placer”.

Así también debe ser con nosotros: sabernos amados, saber y entender claramente que nuestro Padre se deleita en nosotros y que Él siente placer en nosotros como hijos no por nuestros logros. Él no es un padre que pone en una balanza logros y fracasos ministeriales para después decidir si nos abraza y demuestra su amor. ¡De ninguna manera! Nuestro Padre nos ama con amor eterno, no condicionado a nuestras conquistas.
Dios es tan radicalmente distinto a nuestra cultura contemporánea, incluso a la cultura eclesiástica contemporánea. No necesito reunir multitudes, predicar sermones bacanes, plantar muchas comunidades ni realizar grandes hazañas ministeriales para oír que el Padre me dice: “Eres mi hijo amado. ¡En ti siento placer inmenso!” Él me dice esto motivado sólo por Su gracia soberana. Y cuando el Padre habla, su voz es como el estruendo de muchas aguas: las otras voces se apagan. Sólo Su voz resuena en mi corazón: “te adopté por gracia y esta es tu identidad, es lo que te define. Eres mi hijo, por siempre serás mi hijo. El ministerio es algo que haces por ahora, no lo que tú eres eternamente”.

Esto es para todos, no sólo para pastores y plantadores de iglesias: nos sentimos agobiados muchas veces por ganar el respeto, la aceptación y el ser valorados. Corremos con desesperación tras logros académicos, logros laborales, éxitos económicos, rectitud moral, causas políticas, belleza física, etc. ¿Qué queremos en el fondo? Ser valorados. Sentir que nuestra vida tiene valor. Y buscamos ese valor mayormente en los ojos y las palabras de otros.

Que podamos sentir y percibir que ya somos amados y que a nuestra vida ya le ha sido dado el mayor valor que podría tener: la sangre de Jesucristo. Dios siente placer en nosotros no por nuestros logros, sino simplemente porque nos adoptó por Su gracia.

Advertisements

Leave a comment

Filed under Espiritualidad cristiana

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s