Los tatuajes de Dios

“Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo.” (Cantares 8.6) 

Todo cristiano asientGod is Love tattooe intelectualmente y no teme verbalizar estas grandes verdades: “todas las personas son pecadoras y yo soy pecador”. “Yo sé que nadie es perfecto” solemos decir. Son lugares comunes. ¿Quién podría pasarlos por alto?

Pero en la vida cristiana – especialmente si hemos tenido la bendición de haber sido medianamente bien instruidos en las doctrinas bíblicas – las grandes verdades que conocemos intelectualmente y sabemos expresar verbalmente suelen criar raíces en nuestros corazones y formar parte estructural de nuestra forma de ver y sentir el mundo sólo después de experiencias palpables que nos impactan y que desestabilizan las creencias anti-bíblicas o poco-bíblicas anteriores, las cuales solemos poseer por “default” y que forman parte de nuestra formatación inicial como seres humanos caídos.

Son los fracasos, los tropiezos, la injusticia de otros hacia nosotros, la lucha contra tentaciones persistentes, el sufrimiento y dolor (propio y de quienes amamos), la pérdida de seres queridos, las noches sin dormir por cuidar un hijo enfermo, las largas tardes en un hospital, las oraciones balbuceadas desde la decepción, la rabia contra hermanos, la queja contra Dios y muchas cosas como estas la herramienta divina para grabar las verdades doctrinales como realidades palpables en lo más íntimo de nuestro ser. Esas experiencias son la tinta y la aguja con la que Dios tatúa las grandes verdades bíblicas en nuestro corazón. Cuando están en nuestra mente son sólo bocetos en un papel. Cuando las sabemos verbalizar y explicar, toman forma definida y hasta colores, pero aún siguen siendo diseños en la carpeta del Tatuador. Es recién en las experiencias del día a día que el Gran Tatuador Soberano nos sienta en su estudio, nos desnuda el corazón y procede a dejar una marca perpetua en él.

Tengo la impresión que el lugar donde la maquinita tatuadora de Dios suena con más frecuencia – con ese ruidito incómodo que nos recuerda al dentista – es en la vida matrimonial y familiar y, en segundo lugar, en la vida comunitaria de la iglesia local.

Digo esto porque una cosa es decir “yo sé que soy pecador y que nadie es perfecto” y otra muy distinta es encontrarte cara a cara con tu propio fracaso ante tu esposa y decir acerca de ti mismo “no puedo creer que hice eso” o “no puedo creer que dije aquello”. Estas frases son nuestra primera reacción. ¡Y estas frases muestran cuán poca conciencia tenemos de nuestro propio pecado! Porque “eso” que hice o “aquello” que dije es justamente lo que brotó de mi corazón y una expresión de la realidad de quién soy. Y cuando decepcionamos a nuestro cónyuge siendo simplemente quiénes en verdad en somos, es Dios quien nos está poniendo frente a un espejo. Y lo que Dios NO quiere es que balbuceemos un montón de excusas o nos llenemos la boca de reminiscencias de cosas que sí hicimos bien antes, porque los aciertos del pasado no tienen poder para cubrir los pecados presentes. Pero lo que Dios SÍ quiere es que nos decepcionemos de nosotros mismos. Porque así nos abre una puerta para que acudamos a Él, anhelando desesperadamente la gracia a fin de que, una vez más, Su cruz sea nuestra justicia y Su poder el que se perfeccione en nuestra debilidad.

Y vamos más allá: una cosa es decir “yo sé que mi esposo es pecador” o “claro que mi esposa no es perfecta” y otra muy distinta es encontrarte cara a cara con la decepción de tu esposo(a) que te golpea el rostro. Esa decepción que sientes a causa del pecado de la persona con quien has hecho un pacto ante Dios de compartir la vida, no es otra cosa sino la mano de Dios tatuando en tu corazón esta verdad que antes era sólo un diseño: tu cónyuge es pecador y necesita desesperadamente de perdón, de amor incondicional y de gracia sobreabundante… ¡exactamente como tú! ¡Y qué privilegio! Dios te puso ahí en la vida de él o de ella para que experimentes la bendición de ser un canal de la gracia y del perdón del Señor para tu cónyuge. En el pacto matrimonial las grandes verdades del Salmo 14 y de Romanos 3 se hacen una realidad palpable que cría raíces en nuestro corazón y que determinan nuestra forma de ver y sentir el mundo. Son los ciclos que vuelven, las reincidencias que persisten, los fracasos rotundos después de mil veces de prometer e intentar no hacerlo. Esas son las experiencias que hacen que nos apropiemos en lo más íntimo de nuestro ser de las grandes doctrinas bíblicas.

He llegado a la convicción de que aún no sabemos de corazón nada acerca de la depravación total, de la elección incondicional, de la expiación eficaz, de la gracia irresistible o de la perseverancia de los creyentes hasta que no nos involucramos de cuerpo y alma en la vida en comunidad. Para muchos – salvo honrosas excepciones – “comunidad” significa, en primer lugar, comprometerse y entregarse al pacto matrimonial. Y, en segundo lugar – aquí sin excepciones – “comunidad” significa vivir la vida de la iglesia local compartiendo tiempos y espacios, donde los ciclos incesantes de fracaso-decepción-perdón-gracia restauradora van marcando en nuestro corazón las grandes doctrinas. Y así, una vez más, confirmamos lo profundamente teológica que es la vida diaria y lo inevitablemente práctica que es la teología. Porque este Dios comunitario – Padre, Hijo y Espíritu Santo – nos muestra que sólo en la unión pactal de nuestra vida con la de otros es que la doctrina se hace doxología, el dogma se hace canción, los credos se hacen acrílico sobre tela y los densos capítulos de teologías sistemáticas salen de los libros para tornarse cinceles sobre la piedra de nuestro corazón.

¡El Verbo ya se hizo carne en la gran historia de la humanidad! Ahora nos toca a nosotros experimentarlo en las pequeñas historias de nuestras familias e iglesias.

P.D. Aquí va también una extraordinaria canción para acompañar la lectura del post: “Tatuagem” de Chico Buarque. Enjoy!

Advertisements

Leave a comment

Filed under Espiritualidad cristiana, Iglesia, Matrimonio y Familia

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s