Monthly Archives: February 2014

Jesús no tenía apellido de buena familia

Interesantísimo el libro de Óscar Contardo, “Siútico”. Da mucho para comentar y reflexionar sobre la cultura de clase media chilena. Por ahora sólo quiero dejarlos con esta deliciosa anécdota que muestra al punto que la estupidez elitista de la clase alta chilena puede llegar:

Se cuenta que doña Victoria Subercaseaux estaba desolada tras la muerte de [su marido] Benjamín Vicuña Mackenna. Monseñor Mariano Casanova, arzobispo de Santiago, acudió a consolar a la viuda, quien había cobrado cierta fama de nerviosa y frágil después del fallecimiento de uno de sus hijos, a quien durante años trató de contactar en el Más Allá a través de sesiones de espiritismo. El desconsuelo de verse también sin su marido debió haber sido devastador. La leyenda establece que el arzobispo Casanova le habría dicho, como un modo de conformarla: “Piensa, hija mía, en el dolor de la Santísima Virgen cuando perdió a San José…”, consejo que la afligida mujer recibió con indignación más que resignación:

“¿Cómo puede comparar, Mariano, a mi gran Benjamín con ese carpintero siútico?”

(Óscar Contardo, Siútico, ed. Planeta, 2013, p. 114)

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Filed under Citaciones, Sociedad y Política

Adolescentes rockeros y padres evangélicos

Si alguno de Uds. tuvo la gracia de que el Señor le concediera un alma rockera y padres evangélicos, entonces muy probablemente se sentirán – aunque sea en algo – identificados con el siguiente video de Tenacious D. Especialmente si viviste esa época en que en las iglesias se pasaban documentales sobre satanismo con discos de rock al revés para escuchar misteriosos mensajes subliminales y toda esa folclórica parafernalia tan WASP, tan de la clase media del Sur de EEUU, sazonada además con la latinoamericana característica de que en nuestras iglesias la mayoría de los pastores, líderes y padres no sabían nada de psicología de la pubertad… ni de rock, claramente. ¡Qué tiempos!

Como sea, creo que lo van a disfrutar. ¡El video es realmente notable!

 

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Un fragmento de “Paraíso Perdido” de John Milton

A mi querido abuelo, el Rev. Gerardo Vásquez V. (quien falleció el año 2009), le gustaba hablar de “El paraíso perdido” del puritano inglés John Milton. Él solía decir que era su poema favorito y muchas veces lo escuché citando esta obra épica y era común que se acordara de secciones o episodios que comentaba o traía a colación en conversaciones y sermones. Me parece que le agradaba la forma en que Milton había logrado equilibrar la creatividad del artista con la profundidad del teólogo y la fidelidad a la Escritura del puritano.

Aquí les dejo una sección especialmente emotiva y profunda, el episodio relatado en Génesis 3.9, cuando Dios (el Hijo, la segunda persona de la Trinidad, afirma con genialidad teológica Milton) va a buscar al hombre.

“¿Por qué no venís ambos cuando os llamo? Ven.” Adán obedece: desconfiada
Eva lo sigue, no con el risueño
Gesto con que del crimen el empeño
Arrostrar se la vid: mas vergonzosa,
Detrás de su marido rezagada
Tirándose a ocultar. Ambos esposos,
Del delirio despiertos, la llorosa
Vista a alzar no se atreven, y parados
A una larga distancia, temerosos
Se humillan, en el polvo arrodillados.
Ni el amor a su Dios ni la ternura
Que debían tenerse mutuamente,
Se ve en su rostro como anteriormente.
Su áspero ceño, su mirada oscura,
El odio, la venganza y la tristeza,
Y de un vil egoísmo la dureza,
Juntos con el terror, sólo presentan,
Que aquellos corazones atormentan
Su indignidad forzados conociendo,
A su Dios no se atreven a acercarse:
Jamás ya volverán a renovarse
Los amables coloquios en que,
abriendo Su pecho a su Señor con dulce encanto.
Ardían en su amor sus corazones;
Hoy los abrasan solas las pasiones.
Adán responde al fin lleno de espanto
“El eco de tu voz he percibido,
Señor; pero desnudo, no he tenido
Valor para llegar a tu presencia”.Imagen

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Filed under Citaciones, Espiritualidad cristiana

Zombies y comunidad

Hay varias razones por las que me gustan las películas de zombies. Espero en otra ocasión poder enumerarlas. Sólo quiero ahora destacar el hecho cómo las películas apocalípticas en general, y las de zombies en particular, plasman tan bien las actitudes y conductas humanas en situaciones extremas, específicamente la de agrupar gente que bajo circunstancias normales jamás colaborarían unos con otros ni formarían comunidad.

Es así como en “Zombieland” (una de mis favoritas; vista, a estas alturas, varias veces), por ejemplo, un nerd torpe y medio paranoico se hace amigo de un cowboy rudo asesino de zombies y se enamora de una chica guapísima, que se dedicaba a robar y estafar a los desavisados junto a su astutamente precoz hermana preadolescente.

¿Qué posibilidad habría de que, bajo circunstancias normales, estas personas tan distintas entre sí se encontraran y llegaran al punto de formar una familia? ¡Creo que ninguna! Pero allí están, después de varios altos y bajos escondiéndose de zombies y matándolos, yéndose al final de la película juntos como una familia en la misma camioneta.

Hay una lección sabia aquí: uno de los factores que permite unir a personas distintas es, sin duda, un enemigo común. Las diferencias, en otro momento tan marcadas como límites en un mapa, se hacen difusas cuando se debe enfrentar al mismo enemigo.

No creo que este sea el único factor ni el principal en la promoción e incentivo a la comunidad. Pero ciertamente es un factor no menor: identificar el enemigo común, uniendo fuerzas, talentos y perspectivas para derrotarlo.

Repentinamente las diferencias de educación, de personalidad, de intereses, de postura política, etc. pierden total importancia cuando tienes delante tuyo una horda de hediondos muertos vivientes vomitando sangre y bilis, que vienen a devorarte. ¡Obviamente las cosas toman una nueva perspectiva!

Por eso reflexiono que no es bueno olvidar el enemigo común en la vida de la iglesia. Este enemigo es triple y, según la tradición cristiana, en el siguiente orden de gravedad: la carne, el mundo y el diablo.

La carne: el zombie por excelencia, nuestra propia inclinación pecaminosa, es un muerto caminando, sediento de sangre que busca cerebros y corazones para devorar; lo peor de este zombie es que vive dentro nuestro. El mundo: esa horda de miles de pensamientos repugnantes que se mueven como un bloque, capaces de atravesar murallas a cabezazos. El diablo: el maloliente más famoso de todos, que con su ejército engaña, desanima, siembra discordia entre hermanos, estimula a jamás olvidar ni perdonar las ofensas.

Mi anhelo es que la conciencia de nuestros enemigos comunes nos mueva a unirnos más. Que siendo tan distintos y de pasados tan sórdidos, formemos comunidad a fin de apoyarnos y cuidarnos unos a otros de los peligros que acechan en la oscuridad. Sobre todo considerando que ya estamos en los últimos tiempos.

P.D. Recomiendo re-leer este post mientras esta canción suena al fondo.

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