Zombies y comunidad

Hay varias razones por las que me gustan las películas de zombies. Espero en otra ocasión poder enumerarlas. Sólo quiero ahora destacar el hecho cómo las películas apocalípticas en general, y las de zombies en particular, plasman tan bien las actitudes y conductas humanas en situaciones extremas, específicamente la de agrupar gente que bajo circunstancias normales jamás colaborarían unos con otros ni formarían comunidad.

Es así como en “Zombieland” (una de mis favoritas; vista, a estas alturas, varias veces), por ejemplo, un nerd torpe y medio paranoico se hace amigo de un cowboy rudo asesino de zombies y se enamora de una chica guapísima, que se dedicaba a robar y estafar a los desavisados junto a su astutamente precoz hermana preadolescente.

¿Qué posibilidad habría de que, bajo circunstancias normales, estas personas tan distintas entre sí se encontraran y llegaran al punto de formar una familia? ¡Creo que ninguna! Pero allí están, después de varios altos y bajos escondiéndose de zombies y matándolos, yéndose al final de la película juntos como una familia en la misma camioneta.

Hay una lección sabia aquí: uno de los factores que permite unir a personas distintas es, sin duda, un enemigo común. Las diferencias, en otro momento tan marcadas como límites en un mapa, se hacen difusas cuando se debe enfrentar al mismo enemigo.

No creo que este sea el único factor ni el principal en la promoción e incentivo a la comunidad. Pero ciertamente es un factor no menor: identificar el enemigo común, uniendo fuerzas, talentos y perspectivas para derrotarlo.

Repentinamente las diferencias de educación, de personalidad, de intereses, de postura política, etc. pierden total importancia cuando tienes delante tuyo una horda de hediondos muertos vivientes vomitando sangre y bilis, que vienen a devorarte. ¡Obviamente las cosas toman una nueva perspectiva!

Por eso reflexiono que no es bueno olvidar el enemigo común en la vida de la iglesia. Este enemigo es triple y, según la tradición cristiana, en el siguiente orden de gravedad: la carne, el mundo y el diablo.

La carne: el zombie por excelencia, nuestra propia inclinación pecaminosa, es un muerto caminando, sediento de sangre que busca cerebros y corazones para devorar; lo peor de este zombie es que vive dentro nuestro. El mundo: esa horda de miles de pensamientos repugnantes que se mueven como un bloque, capaces de atravesar murallas a cabezazos. El diablo: el maloliente más famoso de todos, que con su ejército engaña, desanima, siembra discordia entre hermanos, estimula a jamás olvidar ni perdonar las ofensas.

Mi anhelo es que la conciencia de nuestros enemigos comunes nos mueva a unirnos más. Que siendo tan distintos y de pasados tan sórdidos, formemos comunidad a fin de apoyarnos y cuidarnos unos a otros de los peligros que acechan en la oscuridad. Sobre todo considerando que ya estamos en los últimos tiempos.

P.D. Recomiendo re-leer este post mientras esta canción suena al fondo.

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2 Comments

Filed under Iglesia

2 responses to “Zombies y comunidad

  1. Me gusta mucho lo que escribes, es muy edificante y sin tanto acartonamiento, un saludo y sigue escribiendo y yo, seguiré leyendo..

  2. Pingback: Palabras sobre el terror y los zombies | Para cultivar un jardín

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