Ingredientes para fabricar un villano.

Los cómics parecen historias que nos alienan de la realidad, pero, como suele ocurrir con las buenas historias de fantasía, muchas veces son justamente lo opuesto: las historietas nos reconectan con verdades, valores y procesos esenciales para entender la realidad que vivimos y la misma naturaleza humana.

Las historietas nos enseñan muchas verdades que nos hacen reflexionar y una de ellas es que un villano no se hace de un día para otro. Gran parte de los villanos son locos, es verdad. Pero la locura que los caracteriza es sólo el resultado final de un proceso que comienza mucho antes.

Un villano comienza a recorrer el camino hacia la insanidad y el mal cuando es herido y deja que el rencor poco a poco se apodere de su corazón: alguien lo decepciona. La vida le quita un ser querido. El mismo héroe, tal vez (que al fin y al cabo también comete errores humanos), lo trata con desdén o descuido. Es víctima de bullying. No se le reconocen sus logros, su trabajo o su esfuerzo. Etc.

Los ingredientes esenciales de un villano incluyen el resentimiento, que es esa amargura que comienza como un sutil sentimiento de haber sido víctima de una injusticia, pero que poco a poco se va tornando un torbellino dentro del corazón. El villano potencial come, camina, se viste, se ducha, pensando en la injusticia que han cometido contra él y esto se va tornando una obsesión.

Otro ingrediente – casi inseparable del anterior ya que es como la otra cara inevitable de la moneda – es el profundo sentido de autojusticia. El villano en potencia se siente y se cree alguien bueno que ha sido tratado por la vida (o por el héroe) de una manera que no corresponde a la altura de sus buenas intenciones. Él también quiere hacer el bien. Él también tiene altos valores y propósitos en la vida, pero siente que ha sido dejado atrás, desvalorizado, no apreciado.

El rencor, la falta de perdón, la autojusticia (que es la raíz indiscutible de la falta de perdón) y la amargura. Pero hay más: el villano se va fortaleciendo en el mal cuando, una vez convencido de que ha sido una pobre víctima de una gran injusticia, comienza a pensar que sus causas propias son más importantes, incluso que las cosas más obvias como el bienestar de la humanidad o la vida de personas. El villano se cree alguien especial, un escogido del destino, un ubermensch justo en su causa (cualquiera que esta sea). Y piensa que, en nombre de eso tan especial que él es o tiene, debe llevar adelante a cualquier costo su “causa justa”. Mentir, robar, matar, etc. dejan de ser considerados actos malvados y comienzan a ser vistos como actos necesarios que el villano realiza para lograr sus fines y cumplir su destino especial y único. Él está convencido, por lo tanto, que sus actos pecaminosos están justificados por sí mismo y son realizados sin ni un arrepentimiento ni pena. Este punto ya es la puerta de entrada a la locura.

Si observamos bien, los cómics nos amenazan con esta gran verdad: que todos los seres humanos somos villanos en potencia. Basta con negarnos a perdonar y dejar que el rencor se expanda en el corazón. Basta con creernos y sentirnos más justos que los demás y dejar que ese sentido de autojusticia crezca en nosotros. Porque cuando se trata de la maldad, es como la levadura: siempre crece, no se queda detenida en un punto como una mera mancha inerte. Así que ó son arrancados de raíz los malos sentimientos de nuestro corazón o estos inevitablemente crecerán y crecerán hasta leudar todo lo que somos y hacemos.

¿Cómo saber que el mal está leudando en mí? Hay un indicador claro: comienzo a adquirir el hábito de cometer actos abiertamente malos sin pudor, sin dolor, sin señal de arrepentimiento, justificándolos en mi mente con el argumento de una “causa mayor” que sólo yo entiendo. Así comienzo a hablar contra mi vecino, a mentirle a mi familia, a murmurar contra mi iglesia y sus líderes, a asesinar la reputación de mis colegas de trabajo sin remordimiento, a robar tiempo, energía y la alegría de los demás con mi arrogancia. Al fin y al cabo soy alguien especial, distinto, marcado por el destino para ser grande e importante y estas nimiedades como cuidar al prójimo no son relevantes para mi causa especial y superior. El límite entre lo malo y lo bueno se me hace cada vez más difuso.

Y lo peor de todo esto: que todos los que vemos la película y los que leemos la historieta nos damos cuenta de que el personaje se está tornando un villano muy concreto, muy real. Y ahí es donde los cómics nos golpean con la realidad: ¡qué fácil es tornarse un villano sin darse cuenta! Qué fácil es creer que uno es el héroe, siendo en realidad el malo de la película.20140523-093103-34263798.jpg

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