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Tal vez ya es tiempo de desenterrar nuestros talentos.

Llegó otro siervo y dijo: ‘Señor, aquí tiene su dinero; lo he tenido guardado, envuelto en un pañuelo. Es que le tenía miedo a usted, que es un hombre muy exigente: toma lo que no depositó y cosecha lo que no sembró.
(‭Lucas‬ ‭19‬:‭20-21‬ NVI)

Yo busco libertad con nombre y apellido
Como una caída libre en un salto hacia el vacío
En un continuo desvarío, en un suave sinsentido
Que me lleva hacia el delirio

(Ana Tijoux)

Tal vez, sólo tal vez, el secreto mejor guardado por los poderosos de este mundo y por quienes caminan por la vida con el pecho inflado de un pato es que todos, no sólo ellos, podemos vivir esta vida sintiéndonos libres, sintiendo que no le debemos nada a nadie y con esa actitud emprender lo que nos propongamos.

Tal vez, sólo tal vez, los magnates que viajan en primera clase y jets privados, los dictadores tercermundistas, las celebridades que cuando no duermen en sus mansiones lo hacen en suites cinco estrellas, los ex-presidentes y ex-ministros llenos hasta el cuello de conflictos de intereses, los dueños de petroleras que son accionistas mayoritarios de industrias armamentistas y hasta los jefazos del cartel de Sinaloa han sabido guardar muy bien uno de los mayores secretos de la historia y este es que no sólo ellos, sino todos los hombres y mujeres – las asistentes del hogar, los albañiles y plomeros, las esclavas negras, los alcohólicos con la ropa hedionda a meado, los esquizofrénicos que se paran en las esquinas a pedir un cigarrito, los travestis de las favelas, los migrantes que se sientan en las plazas a esperar una oportunidad de trabajo, los ancianos que barren las calles, los jóvenes con síndrome de down, los niños de los leprosarios, los parapléjicos, las ancianas con Alzheimer – en fin, todos nosotros no tenemos por qué rendir cuentas a nadie más que a nuestro Creador. Y Él nos hizo a todos igualmente hermosos, poderosos, bellos y no necesitamos esforzarnos más por agachar el moño para agradar a nadie y todos tenemos derecho a emprender pidiendo más perdón que permiso. Voy más lejos aún: tampoco necesitamos exigir que nadie agache su moño frente a nosotros. Cuando sientes que no debes nada a nadie y, al mismo tiempo, que nadie te debe nada a ti, el temor al fin se va y empiezas a adueñarte de aquello para lo que Dios te creó, dejando el resentimiento amargo de quién se ha sentido desplazado.

Y es que tal vez, sólo tal vez, hay más poder en el gozo y en la gratitud que en la amargura, el miedo y el resentimiento. Como en Monsters Inc., sólo unos pocos se benefician de los gritos de terror de los niños, pero todos ganamos con creces con sus carcajadas espontáneas. Si esto es así, entonces la cholita que vende polulos en la calle mientras carga su bebé amarrado a los hombros podría no sólo ser tan libre como el magnate que posee un penthouse en Park Avenue, sino aún más.

Tal vez, sólo tal vez, vale la pena proponer un sistema político y económico basado en la libertad más libertaria que pueda existir, un sistema que podría hasta ser acusado de anarquismo porque su base sería un pueblo que no sentiría ninguna obligación de rendir cuentas a castas elitistas y endogámicas y que lo haría con toda naturalidad, sin ningún resentimiento ni amargura, riendo de gozo y asombro ante una vida hermosa, sintiéndose amado por Dios y atreviéndose a cometer errores y a tomar los riesgos más osados con tal de simplemente sentir el deleite de inventar algo nuevo haciendo uso de sus talentos. Y esto podría ser mejor que el moralismo de un estado todopoderoso que en nombre de la equidad – que ningún sistema humano jamás podrá producir porque ya es un hecho dado por el Creador – se inmiscuye farisaicamente en cada aspecto de la vida humana, de la familia, de la educación, de la salud, del emprendimiento. Tal vez, sólo tal vez, un Estado controlador y compensador no es más que otra cara más institucionalizada del antiguo moralismo que toda naturaleza humana trae consigo.

Tal vez, sólo tal vez, Nietzsche está menos equivocado que los comunistas y lo que necesitamos es más libertad, no menos. Hay que abandonar la moral del esclavo y abrazar la moral del señor y sentirnos dueños de nosotros mismos porque no somos esclavos del jefe ni de la señora de la casa, ellos son los que se benefician con nuestros talentos y si no saben verlo, entonces son más esclavos de lo que ellos mismos logran darse cuenta. Y si esto así, entonces la libertad de Adam Smith o la de Milton Friedman se quedan cortas, son sólo máscaras, cortinas de humo que le ocultan al 90% de la población la realidad de que todos en verdad somos libres y ricos porque hay libertades que valen más que la libertad de vender, comprar y consumir y hay riquezas que valen más que todo el dinero y el oro del mundo.

Tal vez, sólo tal vez, necesitamos empezar a entender con el corazón que todos somos hijitos de papá porque hemos heredado de nuestro Padre talentos que cuando empecemos a multiplicarlos, ganemos con ello dinero o no, nos llenaremos de risa, felicidad, propósito y alegría y eso nadie lo podrá quitar. Y muchos entenderán que son libres para irse cuando quieran, empezar de nuevo donde sea, intentarlo mil veces y morir en el intento, porque cuando mueran – incluso pobres, martirizados y en el anonimato – lo harán con una sonrisa y sólo el juicio final revelará que esos hombres y mujeres fueron más exitosos y ricos que todos los que han salido en la portada de la Forbes y la Time juntos. Y yo no sé ustedes, pero a mí me parece que la visión del Juez de jueces vale más que la de los editores de la Forbes.

Y tal vez, sólo tal vez, eso es precisamente lo que Cristo vino a entregarnos cuando nos trajo una salvación tan maravillosa, un perdón de pecados tan radical, una gracia tan escandalosa, cuando extendió sus brazos y nos dijo: “no teman, yo soy”. Porque el verdadero amor echa fuera el temor y cuando conocemos la verdad del amor de Dios revelado en Cristo Jesús, esa verdad nos hace libres porque es la Buena Noticia que el severo, justo y temible Dios, ya no está enojado con nosotros porque hemos sido declarados justos sólo por la fe, sólo por la gracia, sólo en Cristo.

Y tal vez, sólo tal vez, esa fue la Buena Noticia que no conoció el siervo que escondió su talento en un pañuelo y lo enterró. Así que ahora, simplemente, cristianos todos, dejemos de lamentarnos por lo que no tenemos olvidando lo mucho que nos ha sido dado inmerecidamente, dejemos de codiciar con envidia la vida de otros, destruyamos los ídolos que nos esclavizan a la ingratitud, abandonemos la queja, dejemos de paralizarnos de tanto preguntarle a Dios cuál es Su voluntad porque dudo que encontremos una zarza ardiente en el camino. Tan sólo gocémonos en la gracia de un Dios que ya nos amó y adoptó como hijos amados incondicionalmente y no porque hacemos las cosas bien (de hecho las hacemos bastante mal), llenémonos de las palabras de la Biblia, oremos pidiendo que Su providencia vaya adelante y levantémonos, lavémonos el rostro, salgamos de la casa, arriesguémonos, emprendamos, atrevámonos a equivocarnos y de una buena vez, simplemente desenterremos nuestro talento y ¡hagamos algo!

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