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Notas mentales a 25 años de la caída del muro

Esta semana se cumplen 25 años de la caída del muro de Berlín. Aquí dejo algunas notas mentales que me hago para mí mismo y que creo necesario compartirlas para conmemorar una fecha tan importante:

1. No hacer caso a los hipócritas e incoherentes. Muchos van a proferir palabras de buena crianza diciendo que el muro era una medida inadecuada y que fue bueno que se echara abajo, pero sin referirse al problema de fondo: el totalitarismo de los gobiernos comunistas (que a ratos me parece una tendencia intrínseca del pensamiento filosófico-político marxista), así como las violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos de parte de las dictaduras de izquierda. Aquellos que hoy hablan de defender la democracia y los DDHH, pero se refugiaron en la Alemania oriental de los ’70 y ’80 y que nunca han sido ni fueron capaces de, públicamente, posicionarse contra estos regímenes y convenientemente omiten referirse a la Stasi, por ejemplo, no merecen la atención ni el respeto de ciudadanos demócratas pensantes. Menos aún si, más encima, siguen dispuestos a chuparle las patas al dictador Castro en pleno siglo XXI.

2. Recordar que los regímenes comunistas, más allá de lo político, constituían una verdadera idolatría destructiva y tóxica, una de las tantas manifestaciones de la bestia apocalíptica: un estado totalitario, dispuesto a reprimir las libertades, que blasfemaba contra el Dios del cielo y el Cordero e, incluso, perseguía a quienes profesaban la fe en Cristo. La idolatría del estado como si este fuera un “Páter” Omnipotente que soluciona los problemas de la desigualdad y la infelicidad humanas, debe ser considerado, además de ingenuo, altamente nocivo, pues es idolatría. Como bien expuso Lutero en su catecismo, todo aquello en lo cual depositamos nuestra confianza de corazón es un ídolo. Esto vale también para ideologías políticas y para el Estado.

3. No olvidar que, luego de la caída de los dioses del igualitarismo y del totalitarismo de estado, se han levantado fuertes, como una bestia que recibió una herida mortal, pero volvió a vivir, los dioses del mercado, el consumo y las libertades individuales. Hubo un día en que muchos creyeron que un supuesto estado proletario iría traer justicia, así que sacaron al estado de su esfera correspondiente (donde era un instrumento relativo) y lo elevaron a la categoría de absoluto, permitiéndole inmiscuirse en todas las demás esferas; así el estado se tornó nocivo. Del mismo modo, los neoliberales tomaron el mercado y la sacaron de su esfera correspondiente (donde su función no era otra sino ser un instrumento relativo) y lo elevaron a la categoría de absoluto, imponiendo desde las elites oligárquicas la ideología de que el mercado puede y debe solucionar todos los problemas en todas las demás esferas; así llegamos al actual estado de cosas: un mercado altamente nocivo y alienante, que destruye la vida comunitaria de la sociedad, de las familias e, incluso, de las iglesias. El libre mercado (instrumento útil y necesario dentro de su propia esfera, a mi entender) se ha tornado un absoluto, pasando a ser un falso dios, cruel, sanguinario, pero condescendiente hacia sus devotos. Esta es otra manifestación de la bestia que vio Juan en la isla de Patmos: nadie puede comprar ni vender si no adopta su ideología en su forma de pensar (marca en la frente) o si no está dispuesto a adoptar en su quehacer el modus operandi de la bestia (marca en la mano).

4. No perder de vista, aquello que los ciegos idólatras de la ideología neoliberal no pueden ver: así como cayó el Berlin Wall, caerá también Wall Street. No sé cuánto tardará, tampoco estoy seguro de cómo será, ¡pero ocurrirá! Porque toda la historia de la humanidad se resume en esto: cómo Dios desbarata, humilla y hace añicos a los falsos dioses, uno por uno, hasta que llegue el día en que Él reinará absoluto y llenará la tierra de la gloria del Cordero, que ya está sentado en el trono.

5. Aborrecer profundamente el pensamiento de quienes, como péndulos, tienden neciamente a levantar la idolatría del estado como respuesta a la idolatría del mercado. Toda idolatría es igualmente tóxica. Mi deber es levantar en alto a Cristo como único absoluto, Señor y Soberano sobre todas las esferas. Recordar y proclamar que todas las esferas son relativas, ninguna es absoluta, ninguna debe imponerse sobre las otras, sólo Dios es absoluto y sólo la lealtad, el amor y la fidelidad a Él han de ser el motor de nuestro actuar en la sociedad, en la política, en el mercado. Porque “no existe un sólo centímetro cuadrado en toda existencia humana sobre el cual Cristo, quién es soberano sobre todo, no clame: ¡esto me pertenece!” (Abraham Kuyper).

De manera genial, la película “Good Bye Lenin” muestra los últimos estertores del régimen comunista alemán, donde se aparentaba competencia teniendo 2 marcas de pepinillos en los supermercados, pero ambas del estado, obviamente: sarcástica muestra de los tontos esfuerzos que los poderes hacen para ocultar lo que todos ven. Así también, hoy vemos los esfuerzos de un régimen neoliberal de mercado por ocultar el hecho de que ha aumentado la brecha social, fragmentando al país, legitimando la codicia. Caen uno a uno los paladines de la recta moralidad, mostrando que, en realidad, el libre mercado no tiene moral y que todos, incluso quienes profesan una fe cristiana, ceden a las tentaciones más burdas de la codicia y del enriquecimiento ilícito. Es triste, por un lado, pero no es extraño: ¡el emperador está desnudo! Como lo estuvo el comunismo así está el neoliberalismo. Como lo estuvieron un día los Erich Honecker, así de desnudos están hoy los Donald Trump y yo como creyente en Cristo, adorador del Cordero que consumará su Reino sobre toda la tierra, no les temo, me río como un niño de las vanas estupideces de las cuales hacen gala: su buen nombre, su reputación, su prestigio, sus riquezas. No los envidio, Dios es mi testigo. Sólo me apena, a veces, que estén dando tan triste espectáculo: viven mostrando sus logros, sus emprendimientos, sus éxitos, sus millones y no saben que sólo son ciegos, miserables y desnudos. Y así se pasean por las avenidas, mostrando sus últimos trajes de hilo invisible…

Un gran ídolo ya cayó hace 25 años, el próximo caerá pronto. Semejantes a ellos son todos los que los construyen y cuantos confían en ellos. Sólo prevalecerán aquellas personas que han puesto toda su confianza en el Cordero. Dios me ayude a no dejarme seducir por la marca de la bestia y a mantener mi fidelidad y confianza en el Único que es digno de ella: Cristo el Señor.

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