¿Por qué los cristianos cortamos nuestras barbas? (Levítico 19.27)

Los cristianos cortamos nuestras barbas porque nuestra relación con la ley no es una relación de transacción donde nosotros, por un lado, leemos las instrucciones y las obedecemos y, por otro lado, Dios nos considera, ama y bendice como reacción a nuestra obediencia. Nosotros no entendemos la ley así. La ley es entendida por los cristianos como la auto-revelación de Dios, por medio de ella podemos conocerle y lo que Él ama y así aprendemos, también, a amarle conforme a su carácter y a amar lo que Él ama.

La ley no es vista por nosotros como una lista de “haz esto” y “no hagas esto otro”, sino como una ventana a través de la cual conocemos quién es Dios, lo contemplamos y nos deleitamos en Su amor, en Su sabiduría y en la hermosura de Su carácter Santo y perfecto. Por eso podemos decir como el salmista “¡Oh cuánto amo yo tu ley!” y expresar nosotros también todo el deleite que David expresa en el Salmo 119.

Esta comprensión bíblica esencial ha llevado a cristianos de otras épocas a intentar formular y ordenar de manera comprensible las verdades bíblicas acerca de nuestra relación con la ley a fin de dar testimonio ante el mundo y enseñar a las nuevas generaciones (esta intención de formular y ordenar es lo que llamamos “Teología”). Agustín de Hipona ya en el siglo IV resumía esto en su frase “ama a Dios y haz lo que quieras”. Pero, probablemente uno de los esfuerzos teológicos más completos de la historia de la iglesia reunida en concilio fue la Confesión de Fe de Westminster (CFW), publicada en 1649 en Inglaterra. Al respecto de la ley, la CFW afirma en su capítulo 19 que podemos encontrar en el Pentateuco tres tipos de leyes: la ley moral, las leyes civiles (ó judiciales) y las leyes ceremoniales. Estos tres tipos de leyes se relacionan armónicamente y todos nos enseñan a amar a Dios y al prójimo, pero son distintos en sus propósitos y, por lo tanto, en la manera cómo nos enseñan a amar más a nuestro Señor.

La ley moral, expresada de manera clara y perpetua en las tablas de piedra, los 10 mandamientos, tiene el propósito de revelarnos de manera directa y abierta el carácter de Dios. Esta ley nos llama más explícitamente a ser santos como Él es Santo, por eso estas leyes nos enseñan que hay un sólo Dios que es el único digno de confianza plena y adoración (1º mandamiento), que Dios es Trascendente y no se le puede representar por imaginación humana ni adorar conforme a la imaginación de los hombres (2º mandamiento), que Dios es Santo y debe ser honrado de corazón y no livianamente ni hipócritamente (3º mandamiento) y así por delante. Por lo tanto, el conjunto de estas leyes, de estos 10 principios para la vida, son la expresión de un corazón que ama a Dios sobre todas las cosas, que es el resumen de la primera tabla de la ley: los primeros 4 mandamientos. Y asimismo, son la expresión de un corazón que ama al prójimo como a sí mismo, que es el resumen de la segunda tabla de la ley: los siguientes 6 mandamientos. Esta ley moral, que tiene el propósito de revelar el carácter inmutable de Dios, es, por lo tanto, inmutable e inabrogable, pues refleja el mismo carácter divino.

Las leyes civiles o judiciales tienen el propósito de ordenar la vida en comunidad, de tal modo que vivamos según el principio de amar al prójimo como a nosotros mismos. Desde esta base, las leyes civiles buscan que haya indemnizaciones u otros tipos de recompensas y sanciones cuando alguien comete algún acto o descuido que dañe al prójimo. Estas leyes son mutables, cambian, se adaptan, se renuevan porque la sociedades son así: cambian, se adaptan y se renuevan. Este tipo de leyes nos muestra cómo se ve el amar al prójimo en la práctica, invitándonos a ser responsable por la vida y el bienestar de aquellos que son parte de mi comunidad, mi barrio, mi ciudad, etc. En este sentido, este tipo de leyes nos enseña a amar como Dios ama.

Finalmente, están las leyes ceremoniales las cuales tenían el propósito de anunciar, mediante símbolos, ceremonias y señales, el Evangelio de Cristo a los hombres y mujeres de la antigüedad pre-cristiana. Estas leyes eran una verdadera predicación del Evangelio pues invitaban a los hombres a confiar en la provisión soberana de la gracia de Dios para el perdón de pecados y para una relación viva, mediante la fe, con Él. El Tabernáculo, el sistema de sacrificios y holocaustos, la manutención de una casta sacerdotal, el altar, el arca del pacto, etc. eran todas leyes ceremoniales que pre-anunciaban a Cristo, Su venida, Su sacrificio y el nuevo pueblo, de todas las naciones y tribus, que Él conformaría mediante Su sangre. Entre las leyes ceremoniales se encontraban mandatos que le daban un carácter peculiar a Israel como nación distinta entre las demás naciones, invitándolos incluso a no adoptar ciertas costumbres que, sin ser pecaminosas en sí mismas, sin embargo eran practicadas por los demás pueblos como actos de idolatría y de falsa adoración a sus dioses. Eran maneras de mostrar que los hebreos debían ser un pueblo distinto y, además, de invitar a las gentes de otras naciones a conformar parte de este pueblo, adoptando sus costumbres peculiares como nación (Rut 1.16). Todas estas leyes quedaron obsoletas y caducaron con la venida de Cristo. Ellas eran sombras de los acontecimientos históricos del Evangelio, así que ahora ya no tienen más utilidad, a no ser como sabiduría o prudencia humana, pero Dios no nos exige a la iglesia del Nuevo Testamento que guardemos este tipo ceremonial de leyes (Colosenses 2.16-23). Las leyes ceremoniales nos enseñan a amar el Evangelio y la gracia que Dios reveló en Cristo, mostrándonos que Dios es fiel a sus promesas y a Su pacto y que gran parte de aquello que era esperanza en el Antiguo Testamento, hoy ya es realidad histórica que anunciamos mediante la predicación de la Buena Noticia.

Por lo tanto, reglas como no tatuarse, no mezclar fibras en la ropa, no comer sangre y no cortarse la barba, perdieron su fuerza de ley. Son costumbres que cada creyente, según su conciencia, hábitos y cultura, adoptará o no, según le parezca mejor. Esto es así gracias a la libertad del Evangelio que nos enseña a amar a Dios mediante el amar la ley.

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Filed under Teología Reformada

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    Para “Coalición por el Evangelio”

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