Monthly Archives: May 2015

Algo más sobre cristianismo y cultura

  
Tú, oh Dios y Salvador nuestro, nos respondes con imponentes obras de justicia; tú eres la esperanza de los confines de la tierra y de los más lejanos mares. Tú, con tu poder, formaste las montañas, desplegando tu potencia. Tú calmaste el rugido de los mares, el estruendo de sus olas, y el tumulto de los pueblos. Los que viven en remotos lugares se asombran ante tus prodigios; del oriente al occidente tú inspiras canciones de alegría. Con tus cuidados fecundas la tierra, y la colmas de abundancia. Los arroyos de Dios se llenan de agua, para asegurarle trigo al pueblo. ¡Así preparas el campo! Empapas los surcos, nivelas sus terrones, reblandeces la tierra con las lluvias y bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bondades, y tus carretas se desbordan de abundancia. Rebosan los prados del desierto; las colinas se visten de alegría. Pobladas de rebaños las praderas, y cubiertos los valles de trigales, cantan y lanzan voces de alegría.” (‭Salmos‬ ‭65‬:‭5-13‬ NVI)

Al enterarse de esto los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron las vestiduras y se lanzaron por entre la multitud, gritando: —Señores, ¿por qué hacen esto? Nosotros también somos hombres mortales como ustedes. Las buenas nuevas que les anunciamos es que dejen estas cosas sin valor y se vuelvan al Dios viviente, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. En épocas pasadas él permitió que todas las naciones siguieran su propio camino. Sin embargo, no ha dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón.” (‭Hechos‬ ‭14‬:‭14-17‬ NVI)

Me asombra seguir encontrando en la Escritura evidencias de una visión claramente no-dualista de la cultura producida por hombres y mujeres que no temen a Dios o que se niegan a adorarle. La cultura producida por paganos es, en la visión bíblica una manifestación no sólo de la bondad y providencia de Dios generales sobre la creación como un todo (como lo muestra el Salmo 104.23), sino también la expresión de corazones que se alegran por el sustento y la bondad que Dios muestra a todos los pueblos.

El salmista, en el Salmo 65, afirma de forma muy clara (y muy poco nacionalista, al contrario de como solían ser las religiones antiguas) que el Dios adorado en Sión es la esperanza de los confines de la tierra y afirma que las bellas músicas y expresiones artísticas de los pueblos paganos son inspiradas – no en el sentido de la doctrina de la “inspiración de la Escritura”, sino en el sentido más genérico de la palabra – por Dios mismo. Del mismo modo, y casi como un eco del Salmo 65, Pablo predica a un grupo de paganos algo confundidos de Listra diciéndoles que, aunque Dios realizó un milagro por medio de ellos, ellos son simples hombres mortales y se rasgan las vestiduras para mostrarles que son de carne y hueso. En ese contexto un tanto tumultuoso, la teología de Pablo, bastante más consistente y compleja que los simplismos evangélicos y liberales (por igual) del siglo XX, no le impide en absoluto el hacerles, por un lado, un llamado al arrepentimiento para que se vuelvan de sus falsos dioses al Único Dios verdadero y, por otro lado, reconocer también que la alegría que han tenido en sus corazones (expresada, sin duda, en tantas canciones y otras manifestaciones artístico-culturales) les ha sido dada por Dios mismo, aún sin haberse sometido a adorar al Creador. De la exhortación podría deducirse, a la luz de toda la teología paulina, que Pablo les está diciendo que si se arrepienten de sus idolatrías y se vuelven al Dios verdadero, su alegría será aún mayor y más duradera, pues se habrán reconciliado con la fuente misma de todo gozo y de todo bien.

¿De qué maneras hoy los cristianos, especialmente en contextos pluralistas y “neo-paganos” como los de las grandes ciudades, podemos y debemos aprender a tener esta mirada de la cultura que nos rodea? Ir al cine, ir a una exposición o museo, ir al teatro, ir a la ópera, leer los clásicos de la literatura universal, escuchar los clásicos del rock, del jazz, del blues o del folk y leer en esas expresiones culturales no sólo la desolación y miseria de vidas alejadas de su Creador, sino también la alegría y la esperanza providencial que Dios les ha concedido a sus corazones, cuando les ha dado amistad, familia, romanticismo, erotismo, hijos, tradición, atardeceres y amaneceres, sustento, anhelos de justicia y de una nueva realidad, etc. es una manera muy concreta de reconocer el señorío de Dios, nuestro Único Creador, Sustentador y Redentor.

Una mirada dualista que separa radicalmente lo sagrado de lo secular y luego desprecia por completo lo secular, no sólo nos torna poco efectivos para comunicar las Malas y Buenas Noticias del Evangelio, sino también nos distancia de una visión bíblica de la cultura – como la que tenían el autor del Salmo 65 y el apóstol Pablo – y levanta en nuestras conciencias un montón de escombros que nos hacen ciegos, sordos e insensibles a aquellos regalos que Dios concedió a todos los que son su imagen y semejanza. 

Como decía Juan Calvino, hablando sobre la cultura producida por paganos:

¿Diremos que los filósofos estaban ciegos también cuando observaban con tanto celo los secretos de la naturaleza y los describían con tanto arte? ¿Diremos que los que enseñaron el arte de la retórica, la buena manera de hablar con elocuencia, no tenían ninguna inteligencia? ¿Diremos que los que inventaron la medicina eran necios? ¿Pensamos que las otras disciplinas son irracionales? Todo lo contrario, no podremos leer los libros escritos sobre estos temas sin maravillarnos. Nos maravillaremos porque no tendremos más remedio que percibir la sabiduría que contienen. ¿Consideraremos que algo puede ser excelente o elogiable y no ver que viene de Dios? Si es ese el caso, demostraríamos una gran ingratitud que no se encuentra ni en los poetas paganos, quienes reconocieron que la filosofía, las leyes, la medicina y las otras formas de conocimiento eran dones de Dios.” (Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Grand Rapids, Desafío, 2012: Libro II, capítulo II, p. 200).

Y mientras re-leo secciones de la Institución de Calvino, suena aquí en casa (a buen volumen, como debe ser) el disco “Blonde on Blonde” de Bob Dylan del año 1966 y mi corazón se llena de gratitud al Creador y Dador de todo don y talento…

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Una palabra muy vigente de Leonard Ravenhill

 

 “Nuestra necesidad nacional en esta hora no es que el dólar recupere su fuerza, o que salvemos nuestro rostro ante el caso Watergate, o que encontremos la respuesta al problema de la ecología. ¡Lo que necesitamos es un profeta enviado por Dios!

[…]

Millones se han gastado en la evangelización en los últimos veinticinco años. Cientos de mensajes del evangelio avanzan por el aire sobre la nación todos los días. Cruzadas se han celebrado; reuniones de sanidad han hecho una contribución vital.(…)

Organizadores tenemos. Abundan los predicadores expertos y las organizaciones cristianas multimillonarias. Pero, ¿dónde, oh dónde, está el profeta? ¿Dónde están los hombres incandescentes recién salidos del lugar santo? ¿Dónde está el Moisés que clama en ayuno ante la santidad del Señor por nuestra moral mohosa, nuestra pérfida política y nuestra espiritualidad agria y enferma?

Los hombres de Dios permanecen ocultos hasta el día que han de ser mostrados. Ellos vendrán. El profeta es vejado durante su ministerio, pero es vindicado por la historia.

Hay un terrible vacío en el cristianismo evangélico de hoy. La persona desaparecida en nuestras filas es el profeta. El hombre con una terrible seriedad. El hombre totalmente de “otro mundo”. El hombre rechazado por otros hombres, incluso otros hombres buenos, porque lo consideran demasiado austero, demasiado-severamente comprometido, demasiado negativo y poco sociable.

Que sea tan claro como Juan el Bautista.

Que sea por un tiempo una voz que clama en el desierto de la teología moderna y del “iglesismo” estancado

Que se niegue a sí mismo como el apóstol Pablo.

Que diga y viva: “una cosa hago.”

Que rechace los favores eclesiásticos.

Que se humille a sí mismo, no complaciéndose a sí mismo, no auto-proyectándose, no justificándose, no gloriándose, no auto-proclamándose.

Que no diga nada que pueda atraer la atención de los hombres a sí mismo, sino sólo aquello que moverá los hombres hacia Dios.

Que venga a diario del salón del trono de un Dios santo, del lugar donde ha recibido la orden del día.

Que él, bajo Dios, destape los oídos de los millones que están sordos por el estruendo de las monedas ordeñadas en esta era de hipnotismo materialista.

Que llore con una voz que este siglo no ha escuchado porque él ha visto una visión que ningún hombre de esta época ha visto.

Dios envíanos este Moisés que nos llevará desde el desierto del materialismo craso, donde las serpientes de cascabel de la lujuria nos pican y donde los hombres ilustrados, totalmente ciegos espiritualmente, nos llevan a un siempre-cercano Armagedón.

¡Dios ten misericordia! ¡Envíanos PROFETAS!”

(Leonard Ravenhill)

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Libertad que libera, gracia que transforma 

Leyendo a quien considero uno de mis autores favoritos de los que he descubierto en el último par de años, Steve Brown – pastor presbiteriano y un tremendo comunicador – encontré esta historia extraordinaria que quiero compartir por el simple hecho de que muestra la realidad de cómo la gracia nos transforma y nos hace agentes de transformación para bendecir la vida de otros.

<<Un amigo mío me envió una maravillosa historia de su diario local. Contaba acerca de un sacerdote, el Rev. Thomas J. Quinlan, un fumador empedernido de 71 años y con una voz carrasposa que parecía siempre arreglárselas para ofender personas. “Cierta vez entró por el pasillo central de la Basílica de Saint Mary en Norfolk en una motocicleta de la policía durante una procesión de Domingo de Ramos”. En otra ocasión se vistió como Superman en un servicio dominical con el fin de enseñar algo. Siempre tratan de llamar a Quinlan al orden, pero él hace poco caso. A él no le gusta jugar al gallito con las autoridades, y odia las trampas del poder. Lo divertido del Rev. Quinlan es que las iglesias donde él sirve siempre crecen. De hecho, una iglesia triplicó tanto en asistencia como en recaudación. Donde sea que Quinlan sirve, los miembros de la iglesia se involucran en el ministerio eclesial. Así que, a pesar de sus formas raras, Dios está haciendo algo a través de él de una manera maravillosa y fascinante. El año pasado Quinlan, quien venía luchando desde hacía muchos años con el alcoholismo, fue arrestado por manejar bajo los efectos del alcohol. Él se levantó delante de su congregación y confesó su pecado, diciéndoles que se retiraba voluntariamente. Pero durante el tiempo que había estado con ellos, él les había enseñado a ser libres y les había enseñado bien. ¿Sabes qué fue lo que le dijeron ellos a él? “No queremos que te vayas; queremos que cambies”. Estos queridos feligreses, decía el periodista que escribió la nota, “lo amaron hasta llevarlo a la sobriedad.” ¡Eso es! ¡Ellos lo entendieron! Sólo desearía que él hubiese sido presbiteriano.>>

Steve Brown, A Scandalous Freedom, p. 23.

  

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