Libertad que libera, gracia que transforma 

Leyendo a quien considero uno de mis autores favoritos de los que he descubierto en el último par de años, Steve Brown – pastor presbiteriano y un tremendo comunicador – encontré esta historia extraordinaria que quiero compartir por el simple hecho de que muestra la realidad de cómo la gracia nos transforma y nos hace agentes de transformación para bendecir la vida de otros.

<<Un amigo mío me envió una maravillosa historia de su diario local. Contaba acerca de un sacerdote, el Rev. Thomas J. Quinlan, un fumador empedernido de 71 años y con una voz carrasposa que parecía siempre arreglárselas para ofender personas. “Cierta vez entró por el pasillo central de la Basílica de Saint Mary en Norfolk en una motocicleta de la policía durante una procesión de Domingo de Ramos”. En otra ocasión se vistió como Superman en un servicio dominical con el fin de enseñar algo. Siempre tratan de llamar a Quinlan al orden, pero él hace poco caso. A él no le gusta jugar al gallito con las autoridades, y odia las trampas del poder. Lo divertido del Rev. Quinlan es que las iglesias donde él sirve siempre crecen. De hecho, una iglesia triplicó tanto en asistencia como en recaudación. Donde sea que Quinlan sirve, los miembros de la iglesia se involucran en el ministerio eclesial. Así que, a pesar de sus formas raras, Dios está haciendo algo a través de él de una manera maravillosa y fascinante. El año pasado Quinlan, quien venía luchando desde hacía muchos años con el alcoholismo, fue arrestado por manejar bajo los efectos del alcohol. Él se levantó delante de su congregación y confesó su pecado, diciéndoles que se retiraba voluntariamente. Pero durante el tiempo que había estado con ellos, él les había enseñado a ser libres y les había enseñado bien. ¿Sabes qué fue lo que le dijeron ellos a él? “No queremos que te vayas; queremos que cambies”. Estos queridos feligreses, decía el periodista que escribió la nota, “lo amaron hasta llevarlo a la sobriedad.” ¡Eso es! ¡Ellos lo entendieron! Sólo desearía que él hubiese sido presbiteriano.>>

Steve Brown, A Scandalous Freedom, p. 23.

  

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Filed under Citaciones, Espiritualidad cristiana

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