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¿Eres de izquierda o de derecha?

Me preguntaron el otro día si soy de izquierda o de derecha. De frente, abiertamente y sin más opciones que esta clásica – y ya rancia a estas alturas – dicotomía nacida anteayer en el mundo occidental. Primeramente agradecí la pregunta porque es mejor preguntar a cara descubierta que asumir desde el prejuicio. Pero, al mismo tiempo, no pude evitar poner la cara del famoso meme de Robert Downey Jr. Al final, sin embargo, no supe qué responder…

El apóstol Pablo no dijo “El que roba no tiene culpa. Lo hace porque el medio lo obliga y el Estado no suple sus necesidades. Por tanto paguemos nuestros impuestos para que las políticas públicas generen la justicia social que nuestras comunidades necesitan.” (Nueva Versión de la Izquierda del s. XXI)

Pablo tampoco dijo: “El que robaba no robe más, sino trabaje honradamente para enriquecerse legítimamente y que así pueda comprarse lo que quiera y gastar su dinero como le parezca mejor. Ya que si todos los individuos trabajan responsablemente en vez de depender de ayuda social cada uno supliría su propia necesidad y no habría necesitados.” (Nueva Versión de la Derecha del s. XXI)

Lo que Pablo sí dijo fue: “El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con quién padece necesidad.” (Efesios 4.28) Porque desde el Antiguo Testamento la visión bíblica es que la responsabilidad individual y la responsabilidad social jamás han estado en contradicción la una contra la otra*.

¿Se fijan, por lo tanto, que mi falta de definición no es una excusa barata para que no “descubran” mi “verdadera” posición política? Como creyente que busca ser bíblico, soy honesto cuando digo que no logro identificarme con los actuales proyectos de la derecha ni de la izquierda… ni menos del centro (que sólo logra juntar en una amalgama deforme lo peor de ambos espectros).

A pesar de que sí tengo una visión política bien definida basada en principios y valores que existen de mucho antes que en Francia en el siglo XVIII (o sea: anteayer) inventaran esa dicotomía izquierda-derecha que algunos parecen vislumbrar extasiados como si fuese una verdad eterna e inalterable. A pesar de que en momentos mi discurso pareciera (al menos en su forma) inclinarse a uno u otro lado de ese espectro. A pesar de que las mismas características de qué es de izquierda y qué es de derecha han cambiado (y no poco) en los últimos 2 siglos y tanto. Yo soy, sin embargo, ante todo, un cristiano y me esmero en definir mis valores sociales, políticos y económicos a partir de la revelación del Evangelio y de los principios bíblicos. Soy adorador del Cordero, no de la Bestia totalitaria (Ap 13.1-10) ni de la Gran Ramera mercantilista (Ap 18.9-19).

Jamás sería marxista porque es una Cosmovisión cuya estructura fundamental está en enemistad contra la Escritura. Jamás me identificaría como un liberal porque es una Cosmovisión que tiene no pocos supuestos básicos que se oponen a los principios bíblicos. Jamás sería muchas otras cosas cuya estructura fundamental de su Cosmovisión está en antítesis a la revelación escritural.

Sin embargo, aunque sea algo imposible de concebir para los idólatras de las actuales ideologías, para mí como cristiano que sabe que “toda verdad es verdad de Dios”** no es tan difícil reconocer que, por la gracia común (o la providencia divina, si lo prefiere), dichas cosmovisiones, aunque falaces, tienen momentos de verdad que son como encontrar un ladrillo de oro en medio de un edificio hecho de pura hojarasca, paja y estiércol. Porque por muy apartado que un ideólogo (de la izquierda o de la derecha) esté de la verdad y por muy blasfemo que sea, él no puede evitar seguir siendo, como acostumbraba decir Francis Schaeffer, “imagen de Dios habitando el mundo de Dios”.

Así que “here I stand”. Termino este extraño 2017 sin llenarme de asco ni repulsión total ante los proyectos políticos presentes en mi país, pero también sin ser capaz de identificarme con las opciones ideológicas que me ponen delante y la causa de esta incapacidad es justamente mi formación bíblica y reformada. No porque esta última sea limitada, ¡en absoluto! Sino porque las opciones políticas que se presentan hoy en día no dan cuenta de la realidad en su justa simplicidad y, al mismo tiempo, complejidad. Ya que, por un lado, la dicotomía izquierda-derecha complejiza y enmaraña lo que Dios hizo simple en la Creación del hombre y del mundo y, por otro lado, tienden a simplificar en extremo lo que por causa de la Caída se hizo complejo. Siendo así, por lo tanto, ninguna de las versiones (ni extrema, ni moderada, ni centrada) del espectro izquierda-derecha me parece capaz de proponer un plan que acompañe de forma consistente (o, por lo menos, refleje en algo más que pequeños destellos aislados) el plan de Redención de Dios para las naciones.

En mi sincera búsqueda por un sistema de pensamiento político-económico que me represente, además, me he percatado que dichas ideologías políticas, todas ellas, dependen en mayor o menor medida de la idolatría, esto es de considerar absolutos aquellos aspectos de la realidad que Dios hizo relativos (como la libertad individual o el estado) y, por lo tanto de “adorar y servir a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1.25). Esto, a su vez, trae como consecuencia directa la elaboración de verdaderos “relatos de redención” cuyo redentor de la humanidad es siempre el propio hombre, sea como individuo libre y autodeterminado, sea como clase oprimida organizada, sea como Estado-Leviatán, sea como voluntad popular que cumple las veces de legislador universal, etc. Y así tales ideologías viven de adorar imágenes corruptibles de bestias y de hombres (Romanos 1.23).

Así que, por un lado, me pregunto ¿Qué tienen que ver esas falsas esperanzas con la Esperanza Verdadera, que es Cristo? Ya que busco, en medio de mis muchas debilidades y pecados, amarle no sólo con todas mis fuerzas y mi alma, sino también con mi corazón y mi mente. ¿Por qué traicionar a mi Señor poniendo mi esperanza en lo que perece?

Y por otro lado también me pregunto: ¿de dónde podría proceder en un cristiano tanta desesperación y temor irracional – al punto de justificar en sí mismo actos tan poco cristianos como la difamación, el chisme, el desprestigio mediante la desinformación y el prejuicio esparcido incluso contra hermanos de la misma iglesia – sólo porque el otro no comparte mi posición política? ¿No procede esto también de idolatrías ocultas del corazón de creyentes que, como Raquel, profesan su fe de labios, pero se sientan sobre sus ídolos? Si mi fe ha de seguir puesta en el Único Soberano, Señor y Rey de la historia y de las naciones, entonces mi corazón también estará quieto y reposado en Él. Fueron los sacerdotes de Baal los que, desesperados, se cortaban los brazos, se desangraban en plazas públicas, gritaban a voz en cuello, repitiendo ritos, eslóganes y consignas. Elías, en cambio, simplemente oró. Con todo en su contra: 450 profetas de Baal que lo querían ver muerto, un holocausto inundado en agua, un rey de Israel cobarde e idólatra casado con una mujer cruel y pagana que también quería matarle. En medio de todo eso, Elías simplemente dobló sus rodillas y rogó un ruego humilde. Y cayó fuego. Y las nubes se volvieron a juntar. Y la lluvia volvió a caer.

Que en este año de elecciones, independiente de por quién tenemos pensado votar, demos abierto testimonio que Cristo, no un candidato ni una coalición política, es nuestra esperanza y seamos imitadores de Elías no de los profetas de Baal. Aunque cuelguen los cadáveres de la iglesia en medio de la ciudad de los hombres (Ap 11.4-12). Sabemos en Quién hemos creído y sabemos que Él es poderoso para levantarnos de los muertos. Y sabemos también que aquella otra ciudad, la celestial, construida no por manos humanas, hecha por Dios, ya viene. Muy pronto: ¡ya viene!

NOTAS:

*Comparar las exhortaciones paulinas de Efesios 4.25-28 con la sabiduría de Proverbios 30.7-9, incluso en el orden.

**Ver Martín Lutero y Juan Calvino comentando Tito 1.12

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Una reflexión sobre los “perfiles pastorales”

La mentalidad moderna, caracterizada principalmente por la “supremacía de la razón con arreglo a fines” o “pragmatismo”, ha traído todo tipo de consecuencias – positivas y negativas – en las comunidades cristianas. Una de las principales consecuencias negativas de la mentalidad moderna en la vida eclesial es que ha logrado establecer acríticamente, en todo tipo de contextos confesionales, el deseo de controlar el crecimiento de la iglesia mediante tecnologías de manipulación de variables y técnicas de persuasión humanas. Muchas iglesias reformadas históricas, como la denominación a la cual pertenezco, no son la excepción… lamentablemente.

Quiero ser claro en esto, y espero que quienes leen este artículo no pasen por alto la siguiente afirmación que hago con plena convicción: no veo problema en adoptar ciertos conceptos, criterios y técnicas que nos pueden ayudar a ser mejores mayordomos de las capacidades, recursos, energías y tiempos que Dios da a la iglesia. Eso es bueno y es necesario, ya que somos llamados a ser sabios administradores y rendiremos cuentas el Señor por ello. Sin embargo, el problema, a mi modo de ver, está en que muchos adoptan estos conceptos, criterios y técnicas – como dije más arriba – de forma ACRÍTICA. O sea, sin preguntarse cosas como: ¿qué presupuestos subyacen a ciertos criterios de medición del crecimiento de iglesias? ¿Qué ideologías reflejan las técnicas de control de variables para hacer que la gente se sienta atraída a venir y permanecer en la iglesia? O incluso: ¿qué riesgos y pecados trae consigo una excesiva confianza en las técnicas por sobre la dependencia del Espíritu Santo? Ya es suficientemente grave que casi nadie se haga estas preguntas, más grave aún es que no se las hagan a luz de la Biblia.

Dentro de los elementos pragmatistas adoptados acríticamente en la últimas décadas para el crecimiento de la iglesia, se encuentra el concepto de “perfil pastoral”. La idea suena bien y tiene elementos positivos a luz de la Escritura, como veremos más adelante. Es bueno que al pensar en un proyecto de iniciación de una nueva iglesia o de desarrollo de una comunidad local ya establecida, antes que pensar en nombres específicos, las iglesias y sus líderes piensen primero en ciertas características que un pastor u obrero debe tener para cumplir con las tareas en ese contexto.

Así, por ejemplo, si una iglesia se encuentra en un barrio universitario y tiene como objetivo alcanzar a jóvenes estudiantes y a profesores es interesante pensar en alguien que tenga ciertas capacidades y capacitación para eso. Una iglesia, en cambio, en un contexto de riesgo social probablemente requiera un obrero con capacidades distintas. En el primer caso, los líderes probablemente van a preferir llamar un pastor con el perfil más académico, con estudios de postgrado y una retórica más elevada. En el segundo caso, el perfil buscado será más bien el de un pastor activo, que sepa catalizar iniciativas de ayuda social, que visite familias constantemente y con una retórica más simple y cuyos estudios de postgrado (a no ser que sean en Trabajo Social) serán más bien un elemento prescindible.

Suena razonable, y en más de un sentido lo es, pero ¿qué podemos descubrir del concepto de “perfil pastoral” bajo la autoridad de la infalible Palabra de Dios?

Al leer las historias de los siervos que el Señor llamó en la Biblia, termino opinando que no debemos SOBRESTIMAR ni menos idolatrar el concepto de “perfil” para decidir enviar o llamar a un pastor a un determinado campo, ya que podríamos terminar creyendo que nuestras técnicas y sabiduría humanas son superiores al llamado soberano del Señor de la mies. Pienso en este caso, por ejemplo, en el apacentador de bueyes Amós, que fue llamado, contra toda expectativa, desde los sectores rurales del Reino del Sur a predicar a los centros urbanos y palacios del Reino del Norte. Los sacerdotes de Betel y Samaria jamás habrían llamado para cumplir el oficio de profeta en su territorio a alguien con el perfil de Amós. Esto queda en evidencia en el enfrentamiento entre Amós y Amasías (Amós 7.10-17). Es altamente probable, también, que el mismo Amós por iniciativa propia y por su propia ponderación racional jamás habría escogido ser profeta… y menos aún en Samaria. Pero una cosa está fuera de toda duda: Dios quería a Amós predicando en las calles del Reino del Norte.

Por otro lado, siempre buscando analizar el asunto a la luz de la Escritura, tampoco debemos SUBESTIMAR la importancia que un determinado perfil puede tener. Y aquí creo que el foco desde una visión bíblica ni siquiera está en la capacidad de los líderes de decidir o descubrir correctamente cuál es el “perfil de pastor” para su iglesia, sino en algo más profundo: en el entendimiento claro que el Dios Soberano guía, prepara y encamina las vidas de las personas, desde su nacimiento, para que en un determinado punto asuman un llamado que Él tiene para ellos. Pienso aquí, por ejemplo, en Moisés, cuya vida fue especialmente preparada desde antes de nacer en cada detalle para cumplir ESE llamado específico que Dios le tenía: durante 40 años recibió la mejor educación egipcia, creció en los palacios del mismo Faraón y allí conoció sus costumbres, sus dioses, sus temores, sus prioridades, etc. Luego, en los 40 años siguientes, aprendió a apacentar ovejas en el desierto desarrollando la capacidad de encontrar sombra, buscar agua, escoger caminos, etc.

Lo maravilloso es que la dependencia del Señor fue siempre la clave. No fue el conocimiento que Moisés tenía de la cultura egipcia el que liberó al pueblo de la esclavitud. Fue la mano poderosa del Señor. Tampoco fue el conocimiento que Moisés adquirió del desierto el que hizo que el pueblo tuviera agua, alimento, sombra en el día y calor en la noche. Fueron los milagros del Todopoderoso.

Concluyendo, por lo tanto, me parece que en este asunto de los “perfiles pastorales” – así como en varias cosas más – aquello que la Confesión de Fe Westminster llama de prudencia cristiana (capítulo I, párrafo VI) se hace muy necesario en los líderes a la hora de escoger un pastor. Esta prudencia cristiana no se basa solamente en la capacidad humana de analizar factores; es más que eso: es pensar y analizar siempre dentro de los principios de la Biblia y tomar decisiones dependiendo del Espíritu Santo en oración. Me parece que lo más importante a la hora de definir un “perfil pastoral” es que presbíteros y diáconos estén abiertos a que Dios puede destruir ese perfil en el momento que sea y como le dé la gana. Él es el Señor de la mies y Él es quien envía obreros a su mies. 

Toda técnica, criterio o tecnología que nos invite, sutil o abiertamente, a dejar de depender del Espíritu de Dios jamás será buena para la vida de la iglesia. En este sentido, nada sustituirá jamás la búsqueda del Señor en oración, la sumisión irrestricta a los preceptos bíblicos y el ayuno. Es mi convicción personal que los líderes que están buscando un pastor para su iglesia deben dedicarse a estas cosas primariamente, y sólo así la elaboración de un “perfil pastoral” será útil en su preciso lugar y en su justa medida. Y la misericordia de Cristo – que ama a Su iglesia más que nosotros y que está mucho más interesado en Su misión que nosotros – hará que ocurra algo similar a lo que ocurrió en la iglesia de Antioquía: el Espíritu Santo mostrará a quién apartar para la obra a la cual Él los llamó (Hechos 13.2-3)… y puede que, incluso, Él se digne a usar la elaboración de un “perfil pastoral” para mostrarlo.

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 Las cruzadas y el terrorismo, ¿son equivalentes? (Igor Miguel)

  

El siguiente texto es de autoría de mi amigo Igor Miguel, uno de los pastores de una iglesia reformada llamada “Igreja Esperança” en Belo Horizonte, Brasil. Además de poseer formación en teología y pedagogía, Igor es Master en Letras por la Universidad de São Paulo (USP) y miembro de la AKET (Asociación Kuyper de Estudios Transdisciplinarios), una asociación de científicos de diversas áreas que colaboran entre sí para desarrollar investigación y reflexión desde una Cosmovisión cristiana consistente. Fue en ese contexto en el cual nos conocimos allá por el año 2007, cuando tuve el privilegio de colaborar en una de sus conferencias. Pueden encontrar otras excelentes reflexiones de Igor en su blog haciendo clic aquí. Sin más preámbulos, aquí les dejo su excelente texto, el cual da mucho para pensar, debatir y dialogar:

Decir que las cruzadas cristianas son el equivalente al actual terrorismo islámico, igualando fuerzas religiosas a partir del criterio “todas las religiones tienen virtudes y vicios” es un argumento precario por algunas razones:

1. Mire hacia los años iniciales del Islam y del cristianismo y vea cómo cada una de esas religiones nació y vea la relación de ambas con la violencia en su nacimiento. Son diametralmente distintas. El yihadismo (no-progresista) del Islam es su rostro más primitivista. Lea sobre el nacimiento del cristianismo ¿qué encontrará? A un judío galileo crucificado. Lea sobre el nacimiento del islamismo ¿y qué encontrará? La Hégira, a Mahoma organizando un ejército en Medina para dominar la península arábica.

2. El cristianismo tiene un concepto de martirio opuesto al concepto islámico (se puede ir incluso a las fuentes progresistas); en aquel el martirio es pasivo, en este el martirio es activo, recordando que para la teología islámica conservadora, shahada (martirio) y yihad andan juntos, o, en las palabras de A. Ezzati de la Universidad de Teherán, “el concepto de martirio (shahada) en el Islam solamente puede ser entendido a la luz del concepto islámico de Guerra Santa (yihad)”. Fuente aquí.

3) Igualar cristianismo e islamismo a partir de posibles crímenes cometidos por cada una de estas tradiciones es caer en un relativismo conveniente, en lugar de tratar las diferencias reales entre los dos fenómenos religiosos y sus respectivas matrices religiosas. El cristianismo tiene su propia complejidad, así como el islamismo, igualarlas es evitar un debate honesto sobre las razones por detrás de las cruzadas y las razones detrás del actual terrorismo yihadista.

4) Si alguna vez alguien en nombre del cristianismo, e incluso de Cristo, cometió algún tipo de violencia, esa persona podría ser disciplinada en base al “Sermón del Monte” (por ejemplo), mientras que en el Corán no hay nada equivalente a la noción de “amar a los enemigos” (¿recuerdan al hijo de Hamás?). En otras palabras, el cristianismo tiene subsidio teológico y moral en su matriz religiosa del Nuevo Pacto para disciplinar cualquier uso violento del mensaje de Cristo. En la matriz islámica, en cambio, esto no es posible (a pesar de los esfuerzos de alegorización del islam progresista). O sea, en caso de abusos, una “reforma” es posible a partir de las fuentes primarias del cristianismo, pero en el caso del islam, una reforma a partir del Corán sólo llevaría a un islamismo yihadista o algo equivalente.

5) Islamofobia, entendida en el sentido de una aversión violenta o despreciativa hacia el musulmán no es una actitud cristiana. Sin embargo, etiquetar de islamofóbico todo y cualquier tratamiento teológico o filosófico que esté en desacuerdo con aspectos de la cosmovisión islámica es deshonestidad intelectual o es colocarse en una posición políticamente cómoda. Esto sería lo mismo que etiquetar al apóstol Pablo de antisemita sólo porque tenía objeciones serias a cómo el judaísmo rabínico funcionaba. Simplemente: ¡no tiene cabida!

6) La yihad es una obligación religiosa para el Islam; temo que el progresismo y el secularismo no tendrán las fuerzas para contener al yihadismo literalista y, lo que es aún peor, temo que la retórica cristiana de no-crítica al Islam, sólo debilitará al cristianismo que ya sucumbe ante el crecimiento islámico y del secularismo en territorios post-cristianos.

7) En fin, comparar cruzadas cristianas con terrorismo islámico es lógicamente falaz y fenomenológicamente inconsistente. Un cristiano puede alegar, a partir de su raíz histórica, que las cruzadas son incompatibles con el cristianismo, sin embargo, infelizmente, el Islam no puede relativizar la yihad a partir del mismo criterio, por las razones citadas arriba.

Nota: sobre la interpretación progresista que afirma que yihad no implica violencia o acción armada cito: “Después del Corán, el hadith (registro sobre dichos y acciones del profeta) es la segunda fuente más importante de la ley islámica (shaaria). En las colecciones del hadith, yihad significa acción armada; por ejemplo, de las 199 referencias a la yihad en la colección más padronizada del hadith, Sahih al-Bukhari, todas asumen que yihad significa guerra. En un sentido más amplio, Bernard Lewis afirma que la aplastante mayoría de los teólogos clásicos, juristas y tradicionalistas [i.e. especialistas en hadith] entendían la obligación de la yihad en un sentido militar.” Fuente aquí.

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Palabras contra la “Iglesia Anás-y-Caifasariana de los Últimos Días”

Curioso estado de cosas vivimos hoy en la iglesia de Cristo. Sólo a modo de diagnóstico – un tanto grueso tal vez – me llama la atención que nuestros discursos más inflamados y nuestras advertencias más insistentes sean contra la inmoralidad de una sociedad sin Dios o contra los actos negativos y poco correctos. Nos exhortamos unos a otros, con voz solemne y paternalista, a no decir tales palabras, a no hablar de determinada forma, a no tatuarse ahí, a no perforarse acá, a no vestir así, a no comer aquello, a no beber esto, a no ver este programa, a no gustar de tal música, etc.
Curioso digo, porque los discursos más inflamados de nuestro Maestro y sus advertencias más insistentes no fueron contra esas cosas, sino contra la hipocresía, la religiosidad falsa, la ansiedad por las cosas materiales y el amor al dinero. Pecados que saturan nuestras iglesias, incluyendo a pastores y líderes, y contra los cuales pocos se atreven a hablar por miedo a ser criticados o simplemente (peor aún) porque no los ven como pecado.

Estoy aburrido de los que me dicen “no te contamines con esos ateos, con esa gente inmoral que no tiene temor de Dios”. Jesús, en cambio, me dice “no te contamines con la levadura de los fariseos, esos correctitos que les encanta cantar de pie al frente de las iglesias, orar en las plazas y ser reconocidos por su piedad”. Estoy aburrido porque por años me hicieron ver como enemigos a aquellos que tenía que amar y alcanzar. Mientras tanto toda esta sarta de sepulcros blanqueados me hacían doblemente más merecedor del infierno que ellos porque a muchos de estos fariseos modernos yo los tuve en alta estima y los consideraba ejemplo de cristianismo. Ya me cansé y no quiero más eso. Quiero abrazar el Evangelio, quiero aferrarme a la gracia, quiero imitar a Jesús y quiero servir a la iglesia de Cristo, no a la iglesia de Anás y Caifás que veo que, ladrillo a ladrillo, muchos están construyendo.

He hablado demasiado en este post. Mejor que hable Él. El único que tiene palabras de vida eterna:

Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer con él; así que entró en la casa y se sentó a la mesa. Pero el fariseo se sorprendió al ver que Jesús no había cumplido con el rito de lavarse antes de comer. —Resulta que ustedes los fariseos —les dijo el Señor—, limpian el vaso y el plato por fuera, pero por dentro están ustedes llenos de codicia y de maldad. ¡Necios! ¿Acaso el que hizo lo de afuera no hizo también lo de adentro? Den más bien a los pobres de lo que está dentro, y así todo quedará limpio para ustedes. »¡Ay de ustedes, fariseos!, que dan la décima parte de la menta, de la ruda y de toda clase de legumbres, pero descuidan la justicia y el amor de Dios. Debían haber practicado esto, sin dejar de hacer aquello. »¡Ay de ustedes, fariseos!, que se mueren por los primeros puestos en las sinagogas y los saludos en las plazas. »¡Ay de ustedes!, que son como tumbas sin lápida, sobre las que anda la gente sin darse cuenta. Uno de los expertos en la ley le respondió: —Maestro, al hablar así nos insultas también a nosotros. Contestó Jesús: —¡Ay de ustedes también, expertos en la ley! Abruman a los demás con cargas que apenas se pueden soportar, pero ustedes mismos no levantan ni un dedo para ayudarlos. »¡Ay de ustedes!, que construyen monumentos para los profetas, a quienes los antepasados de ustedes mataron. En realidad aprueban lo que hicieron sus antepasados; ellos mataron a los profetas, y ustedes les construyen los sepulcros. Por eso dijo Dios en su sabiduría: “Les enviaré profetas y apóstoles, de los cuales matarán a unos y perseguirán a otros.” Por lo tanto, a esta generación se le pedirán cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde el principio del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que murió entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que de todo esto se le pedirán cuentas a esta generación. »¡Ay de ustedes, expertos en la ley!, porque se han adueñado de la llave del conocimiento. Ustedes mismos no han entrado, y a los que querían entrar les han cerrado el paso. Cuando Jesús salió de allí, los maestros de la ley y los fariseos, resentidos, se pusieron a acosarlo a preguntas. Estaban tendiéndole trampas para ver si fallaba en algo.” (‭Lucas‬ ‭11‬:‭37-54‬ NVI)

P. D. Sé lo que van a hacer con este post y con otras cosas que digo y hago. Lo mismo que aprendieron de sus antiguos y verdaderos referentes y padres espirituales, los fariseos: van a buscar cada palabrita que dije para usarla contra mí, van a hacer captura de pantalla de cada desliz que cometa para acusarme (Lucas 11.54). No que me esté comparando con el Maestro, ¡lejos de mí tamaña estupidez! Sino, simplemente, ese es el modus operandi de los Anases y Caifases de la vida.

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Aquí es donde pienso en voz alta acerca de la vida, Dios, el Reino y de todo un poco.

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