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El ministerio puede ser dañino para tu salud espiritual

La siguiente reflexión no es de mi autoría, sino del pastor Timothy Keller. Hace un par de años la encontré por ahí y se la compartí a algunos colegas de ministerio en un encuentro de pastores que tenemos regularmente en el presbiterio del cual formo parte. Espero que sirva de llamado de atención para cada uno de ustedes como lo ha sido para mí. Aquí va:

Queremos que los cristianos sean activos en el ministerio y no sólo “consumidores de servicios espirituales”. Queremos que los cristianos se tornen voluntarios, líderes laicos, oficiales de iglesia y parte del equipo de iglesias y organizaciones ministeriales. No hay nada tan llenador que ver vidas tocadas y cambiadas a través de nuestro servicio.

Pero la Biblia nos da una advertencia. Ya que el liderazgo cristiano implica decirle a la gente todos los días “Dios es tan maravilloso”, constantemente apuntarás a las personas hacia la dignidad y belleza de Dios, a pesar del hecho de que a menudo tu propio corazón pueda estar insensible o muerto hacia cualquier sentir por el amor y la gloria de Dios. ¿Cómo actuarás frente a esto? Hay dos cosas que puedes hacer. La primera (y la correcta) es estar atento a tu corazón más de lo normal, siendo muy disciplinado en observar momentos regulares de oración diaria. En esos tiempos verás que tu corazón se entibia ante la realidad de la presencia de Dios. Orar, entonces inflama la llama de esa realidad constantemente, de tal manera que puedas hablar a otros a partir de lo que Dios te está dando en tu caminar con Él.

Es posible, también, que tu corazón se siga sintiendo espiritualmente seco o incluso muerto. En este caso tú mantienes tus momentos de oración de manera aún más diligente. Y tú, humildemente, muestras ante Dios tu sequedad y dispones tu corazón para buscarle a pesar de dicha sequedad y durante el tiempo que esta dure. Cuando hablas al mismo Dios acerca de tu sequedad (en vez de simplemente evitar los momentos de oración), esto te recuerda tu debilidad y tu dependencia de Su gracia para absolutamente todo. De esa manera vuelve a tomar su lugar de importancia la preciosidad de tu posición legal en Cristo (justificado por la fe).

La segunda (y equivocada) forma de enfrentar esto, sin embargo, es descansar no en la oración ni en tu caminar diario con Dios, sino en el entusiasmo de tu actividad y efectividad ministerial. En otras palabras, puedes terminar apoyándote más en tus dones espirituales (o ministerio) que en la gracia espiritual. De hecho, muy probablemente confundirás la operación de tus dones espirituales con la operación de la gracia espiritual en tu vida. “Dones” son habilidades que Dios nos da para suplir las necesidades de otros en el nombre de Cristo – hablando, animando, sirviendo, evangelizando, enseñando, liderando, administrando, aconsejando, discipulando, organizando. “Gracia espiritual” (también llamada de fruto del Espíritu) es la hermosura de carácter – amor, humildad, amabilidad, auto-control. Dones espirituales son lo que hacemos, fruto espiritual de gracia es lo que somos. A menos que entendamos la importancia superior de la gracia y del carácter moldeado por el evangelio sobre la efectividad ministerial, el discernimiento y uso de tus dones espirituales puede ser muy peligroso.

El gran peligro es que podemos ver nuestra actividad ministerial como evidencia de que Dios está con nosotros o como una manera de ganar el favor de Dios y de validarnos a nosotros mismos. Si nuestro corazón recuerda el evangelio y se regocija en nuestra justificación y adopción, entonces nuestro ministerio será realizado como ofrenda de gratitud – y el resultado será que nuestro ministerio sea realizado con amor, humildad, paciencia y ternura. Pero puede ser que nuestro corazón continúe haciendo la misma auto-justificación pecaminosa que siempre ha tendido a hacer – buscando controlar a Dios y a los demás al ganar y probar nuestra dignidad – a través de nuestro desempeño ministerial. Cuando este es el caso, habrá las típicas señales de impaciencia, irritabilidad, orgullo, hiper-sensibilidad, celos, jactancia. Nos identificaremos con nuestro ministerio y lo tornaremos una extensión de nosotros mismos. Seremos impulsivos, asustadizos y tenderemos a ser muy timoratos o muy insolentes – hasta que veamos qué estamos haciendo. Y quizás, lejos del ojo público, habrá pecados secretos. Todo esto sólo hará que el desempeño ministerial sea cansador y un velo para cubrir dos formas de orgullo: el auto-engrandecimiento o el auto-desprecio.

Así es como este peligro puede comenzar: tu vida de oración puede ser inexistente; puedes tener un espíritu rencoroso hacia alguien; los deseos sexuales pueden estar fuera de control. Pero te involucras en alguna actividad ministerial y la situación hace aflorar tus dones espirituales. Sirves y ayudas a personas que te dicen lo bien que lo haces. Te ves a ti mismo tocando vidas.

Y entonces concluyes: “Dios está conmigo”. Pero en realidad, Dios sólo estaba ayudando a alguien a través de tus dones, a pesar de que tu corazón está lejos de Él. En algún momento, si no haces algo acerca de tu falta de fruto y gracia espiritual, y sigues construyendo tu identidad como cristiano en tu actividad ministerial, habrá algún tipo de colapso. Explotarás con alguien o resbalarás en algo que destruye tu credibilidad. Y todos (incluyéndote a ti mismo) se sorprenderán, aunque no deberían. Dones espirituales sin frutos espirituales es como un neumático perdiendo aire.

Así que examínate a ti mismo. Más allá de la efectividad de nuestro ministerio: ¿nuestra vida de oración está muerta? ¿Luchamos con el hecho de sentirnos constantemente despreciados? ¿Hay mucha ansiedad y falta de gozo en nuestro trabajo? ¿Nos encontramos siendo demasiado críticos de otros ministerios, iglesias y colegas? ¿Hay mucha auto-compasión? Si algo de esto es verdad, entonces nuestro ministerio puede ser muy capaz y exitoso, pero es vacío y probablemente a) nos estamos dirigiendo hacia una crisis o b) estamos condenados a producir multitudes y recursos, pero con efectos muy superficiales a largo plazo.

Abraham Kuyper en algún momento dijo que el fariseísmo es como una sombra – que se hace más marcada y nítida mientras más cerca está de la luz. El ministerio polariza a las personas: Las hace mucho mejores o mucho peores cristianos de lo que habrían sido de otra manera, pero ¡ciertamente no te dejará en el mismo lugar donde estabas! Hay enormes presiones en el ministerio sobre tu integridad y carácter.

 

Conversando al final de nuestra última clase con Tim Keller en NY, octubre 2013.

Conversando al final de nuestra última clase con Tim Keller en NY, octubre 2013.

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Petición de oración

Somos débiles. Nuestra fragilidad es evidente. No sólo somos débiles porque nuestros cuerpos y mentes se cansan después de largas noches en los terminales esperando el próximo bus o porque terminamos exhaustos después de predicar tres sermones distintos en distintos lugares un mismo domingo, sólo por la torpeza con la que manejamos nuestra agenda. Además, con facilidad olvidamos y confundimos todo aquello que es importante para otros, como sus nombres, pero recordamos fechas, autores, palabras en griego y citas abstractas de autores crípticos que a casi nadie le interesan.

Somos débiles también porque nuestro carácter es frágil y adolece de estabilidad. Tenemos dentro nuestro los mismos monstruos que condenamos en nuestros sermones… de hecho nuestros sermones son siempre para nosotros mismos primero.

Sin embargo soñamos. Soñamos sueños que nuestro carácter no puede soportar. Sueños de los que no somos dignos: Vemos iglesias desanimadas y sin rumbo y las imaginamos alcanzando sus barrios y ciudades, cambiando la realidad de quienes viven al rededor, llenas de visión. Muchos vemos fábricas abandonadas, con paredes rayadas y vidrios quebrados e imaginamos que allí crecen iglesias, comunidades de fe en la obra redentora del Hijo de Dios, que allí se desarrollan industrias donde el producto es la transformación de nuestras ciudades, jardines donde florecen talleres artísticos, escuelas para niños postergados, casas de refugio para inmigrantes, en fin, espacios urbanos que dejan de ser ociosos porque los llena la nueva vida del Reino de Dios.

Pero, como decía, no somos dignos ni de nuestros propios sueños.

Y así vamos caminando: tratando de abrirnos paso ante los obstáculos de nuestra propia indisciplina, luchando contras la fieras que son los pecados que brotan de nuestro corazón, atravesando los ríos de nuestro prejuicio pecaminoso, saltando las murallas que en nuestro rencor y arrogancia nosotros mismos hemos levantado contra colegas y compañeros de batalla. Caminamos así porque luchamos contra nuestro peor enemigo: nosotros mismos.

Porque la verdad es que lo que más nos consume no es la adversidad que viene de fuera, no es la falta de apoyo de la iglesia ni tampoco la incomprensión del mundo.

¡Son nuestros propios temores los que hacen que las personas se vean grandes y Dios tan pequeño! ¡Son nuestras inseguridades las que nos hacen caer! Porque olvidamos con facilidad que Aquel que es el único con la autoridad y poder para apuntarnos con el dedo y lanzarnos fuera al mismo infierno, nos llama de hijos, nos dice “mi corazón siente deleite en ti” y nos recibe en casa con el banquete dispuesto cada vez que volvemos con el rostro lleno de vergüenza, con la ropa sucia de pecado y autojusticia y con el estómago vacío.

No somos mejores ni más dignos de lástima que ninguno de Uds. Somos así como todos… como tú. Como tu hijo que perdió la fe después de toda una vida en la Escuela Dominical, como tu padre que te decepcionó.

Y si puedes esta noche, por favor, antes de dormir, ora por nosotros: los pastores y todos los que hemos sido llamados al ministerio. Por quienes usamos la primera persona en plural porque somos demasiado débiles de carácter como para pedir “¡ora por mí!”

Desde ya: ¡Muchas gracias!

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Sexo y espiritualidad

Navegando por internet me encontré con un artículo realmente hermoso sobre la vida sexual de una mujer casada. El artículo, publicado originalmente en inglés en The Huffington Post y traducido al castellano por The Clinic On-line, se llamaba “Qué pasó cuando tuve sexo todos los días durante un año”. En primer lugar, me sorprendió que algo bueno y realmente positivo sobre sexo fuera traducido y publicado por The Clinic. En segundo lugar, me fascinó ver los estimulantes resultados en la autoestima de la autora al realizar el sencillo, pero revelador experimento de tener sexo con su esposo todos los días durante 1 año, sin importar ganas, cansancio, tareas pendientes, etc. ¡Lo recomiendo ampliamente! Observen especialmente la diferencia entre los e-mails que ella intercambia con su esposo al inicio del artículo y los que intercambian al final, 1 año después.

Bueno, el asunto es que el artículo leído y la preparación del mensaje del próximo domingo en iglesia UNO me inspiraron a traer la siguiente reflexión, ya que creo que se hace más necesario que nunca tomar conciencia de los amplios beneficios de una visión bíblica del sexo, la cual incluye entender que “el sexo es un deber placentero”.

Generalmente (sobre todo cuando somos niños o adolescentes emocionales) pensamos que “deber” y “placer” son antónimos, pero nada es más falso que esta dicotomía radical. Es mi deber jugar con mi hijo o pasear con mi hija, pero se me hace difícil pensar en cosas que me den más placer.

C. S. Lewis (me parece que en una de sus famosas cartas a los niños) hace ver que el sentido del deber es como una muleta que ayuda a caminar a alguien que tiene sus músculos atrofiados, hasta que los músculos propios de las piernas (que en esta analogía serían el placer) se recuperen, se tonifiquen y produzcan por sí mismos el apoyo necesario para que el cuerpo de esa persona se mueva.

Pues bien, la caída atrofió nuestro paladar espiritual y por esto hemos perdido la capacidad de apreciar plenamente el deleite en cosas que son muy placenteras, cosas que Dios nos entregó en su generosidad como Creador a fin de que le disfrutemos y le glorifiquemos a Él.

¿Qué cosas son esas que, no pocas veces, los seres humanos disfrutamos sólo de manera parcial, fragmentada ó torcida? ¡Son muchas! Pero, sólo a modo de ejemplo, aquí puedo citar cosas como:
– estudiar la auto-revelación de Dios,
– meditar en Su carácter santo,
– tener comunión con Él mediante la oración y
– tener relaciones sexuales con el compañero (ó compañera) de toda una vida: nuestro cónyuge con quien hemos concebido hijos y construido un proyecto llamado “hogar”.

Mi punto al citar el último ejemplo [a propósito] con los 3 anteriores es enfatizar que necesitamos más que nunca recuperar la visión bíblica de que el sexo entre esposo y esposa es algo profundamente espiritual, que va más allá de un simple asunto de “sentir o no sentir ganas”, ya que es un sagrado deber que nos puede llenar de placer y felicidad si se realiza cuando Dios tiene el control de nuestras vidas mediante la plenitud del Espíritu Santo.

Sobre esto último, basta observar atentamente la directa relación que Pablo hace en Efesios 5.18-32 entre ser llenos del Espíritu y una relación entre esposo y esposa caracterizada por entrega, servicio, amor y respeto; todos elementos imprescindibles para una relación sexual placentera y edificante, según los más expertos psicólogos y sexólogos.

Por eso, habiendo establecido las bases, quiero invitarlos a ver brevemente el interesante paralelo existente entre la oración y la relación sexual.

No es sarcasmo ni humor irreverente lo que estoy diciendo. Lo digo desde la más seria convicción teológica y pastoral: el sexo en el contexto de la vida matrimonial es como el tiempo devocional de oración en al menos 5 cosas:

(1) Uno lo hace primariamente por el placer de tener comunión genuina con quien ama, pero no por eso deja de ser un deber.

(2) A veces cuesta empezar porque la mente está en otra cosa y hay que hacer un esfuerzo para “entrar en onda”.

(3) Una vez que uno lo hace, aunque al inicio haya sido sólo por deber, al final jamás se arrepiente porque siempre termina más feliz, gozoso y liviano.

(4) Mientras con mayor frecuencia se practica, más placentero se torna hacerlo y uno se siente más feliz en general en otras áreas de la vida.

(5) Last but not least: Dios es glorificado en ello y nuestra espiritualidad personal y familiar son, por lo tanto, ampliamente fortalecidas.

Tengo bastante más que decir sobre un tema tan relevante como este para nuestra espiritualidad, por eso espero volver a este asunto en próximos posts.

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